
Un atómata de madera, este era el compañero de Turriano. Creo una gran expectación entre los toledanos, muchos de los cuales, por no decir todos, esperaban verle dando su paseo habitual.
Este antepasado de los robots modernos hacía pequeños recados para su creador. Acudía a recoger el jornal de Turriano o recogía el salario que le correspondía al relojero.
Lo cierto es que su historía atravesó las murallas toledanas y llegó a los pueblos de alrededor y a Madrid. Y quedó inmortalizada con una calle que lleva su nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario