
La noche se convirtió en día, el polvo lo invadía todo, la onda expansiva llegó a los pueblos cercanos. Muchas ventanas se rompieron, y los ciudadanos que caminaban tranquilamente fueron derribados. Incluso el conductor del Transiveriano detuvo el convoy para evitar un descarrilamiento.
La magnitud de impacto fue recogida en varias estaciones sismográficas muy alejadas del epicentro, como fue el caso de una estación meteorológica de Londres. O incluso desde Estados Unidos, los observatorios del Monte Wilson y el Smithsonian registraron una disminución de la transparencia atmosférica. Esto se debió gran la gran cantidad de polvo que se lanzó a la atmósfera.
El suceso no fue investigado hasta 1921, año en el que La Academia Soviética de Ciencias envió una expedición liderada por Leonid Kulik. Debido a las concidiciones climáticas, las marcas del suceso seguían presentes. Y en 1938 gracias a una exploración aérea Kulik descubrió que, la zona afectada tenía una forma similar al de unas alas de mariposa, por lo que se supuso que se produjeron dos explosiones.

Más recientemente, concretamente en el 2007, una expedición italiana afirmó que había encontrado un cráter de unos 5o metros de profundidad y 450 de diámetro. Conocido como el lago Cheko no se tiene constancia de su existencia antes de 1908.
Lo sucedido en Tunguska es un misterio pero algunas de las teorías afirman que pudo ser un cometa, una bomba de hidrógeno natural o incluso tormenta magnética.
